Bloque III — El Gran Colapso · Años 35,001 – 48,000
CANTO XXXVIII
LA LUNA DE LOS RECURSOS Y LOS ÚLTIMOS MINEROS
Año 42,000 · Las Canciones de los que No Saldrán
36 minutos de lectura
La segunda luna agoniza.
El último capataz sabe que no hay botes suficientes.
"El Viejo-de-las-Tres-Marcas no es su nombre. Es el nombre que los registros le dieron porque nadie en la Luna de los Recursos sabía su nombre verdadero. Los demonios de su región no usaban nombres en el trabajo — usaban apodos, títulos de función, marcas de identificación del sistema de registro. El Viejo-de-las-Tres-Marcas tenía tres tatuajes en el antebrazo derecho: los registros de treinta y siete años de trabajo en sistemas de extracción orbital. Nadie en la luna le había preguntado por ellos. En sus últimas diez horas, habló de cada uno."
— Nota del Aleph — sobre el sujeto del Canto XXXVIII
"Hay cuatro botes. Tienen capacidad para cien personas cada uno. Hay cuatrocientas personas en la luna. Las matemáticas son exactas. El Consejo de Administración de la Luna las hizo exactas: llenó los cuatrocientos lugares con exactamente cuatrocientas personas y dejó exactamente cero lugares para los trabajadores de turno, que por definición del protocolo de evacuación no eran personal permanente de la luna sino personal de contrato de ciclo corto, y que por definición del protocolo de priorización de evacuación eran reemplazables en el sentido de que en otra luna todavía operativa habría personas con sus mismas habilidades. El Viejo-de-las-Tres-Marcas leyó las listas. Entendió la lógica. La lógica era correcta. La lógica era lo que hacía que la luna siguiera funcionando: la misma lógica que había hecho que los componentes de mantenimiento no llegaran, que el presupuesto de seguridad estructural fuera recortado, que los trabajadores de turno fueran contratados en ciclos cortos que no generaban los mismos derechos que el personal permanente. La lógica era coherente de principio a fin."
— Nota del Aleph — sobre las listas de evacuación — año 42,000
"Lo que el Viejo-de-las-Tres-Marcas hizo a continuación no estaba en ningún manual. El manual de emergencias de la Luna de los Recursos tenía un protocolo para cuando los trabajadores de turno no estaban en las listas de evacuación: el protocolo decía que los trabajadores de turno debían reportarse al área de espera designada y aguardar instrucciones. El área de espera designada era el sector norte. El sector norte era el primer sector que colapsaría. El Viejo-de-las-Tres-Marcas leyó el protocolo. Luego hizo lo que hizo un técnico de la otra luna dos años antes: lo que el trabajo requería, independientemente de que no hubiera manual para eso."
— Nota del Aleph — sobre lo que ocurrió después de que el Viejo leyó las listas
El canto es su voz. Solo su voz. El Viejo-de-las-Tres-Marcas habló durante diez horas al canal de audio del sistema de comunicación de la Luna de los Recursos, que seguía funcionando aunque la luna no pudiera ya recibir ni enviar comunicaciones al exterior. El canal de audio era el canal interno de mensajes personales — el mismo tipo de canal que Tlacuilo-del-Cierre usó dos años antes en la Luna Técnica. El Viejo sabía que nadie escuchaba. Lo dice en la primera hora. Luego habla de todas formas.
El registro de audio del Viejo-de-las-Tres-Marcas fue recuperado por el equipo del Archivo Vivo de los Nahualli Libres cuatro años después del colapso. Dura nueve horas y cuarenta y tres minutos. El canto es una transcripción condensada, organizada hora a hora, que preserva la voz en su estado más preciso: el demonio de cincuenta y dos años que organizó a sus cuatrocientos compañeros de turno durante el colapso de la luna y que habló, simultáneamente, de todo lo que no había dicho cuando podía. Las dos cosas al mismo tiempo. El trabajo y la confesión. La gestión del colapso y la apertura del interior. El Viejo-de-las-Tres-Marcas es el ser del mundo anterior del que el Aleph tiene la documentación interior más completa. En nueve horas y cuarenta y tres minutos dijo más de sí mismo que en cincuenta y dos años.
HORA 1 · el turno empieza — las listas
Bueno. Empezaré desde el principio porque si alguien encuentra esto quiero que entienda el orden en que pasaron las cosas. Mi nombre no importa. En los registros soy el Viejo-de-las-Tres-Marcas. Eso sirve. Tengo cincuenta y dos años. Llevo treinta y siete trabajando en extracción orbital. Esta es la Luna de los Recursos. Llevo aquí ocho meses en este contrato. El contrato era de diez meses.
Empecé el turno a las seis de la mañana como siempre. Turno de doce horas. Sector de extracción media, subsectores C, D y F. Cuatrocientas personas bajo mi responsabilidad de turno. Este es mi trabajo desde hace once años: soy capataz de turno en sistemas de extracción orbital. Sé hacerlo. Me sé los nombres de mis cuatrocientas personas. No todos los capataces se saben los nombres. Yo sí.
A las siete cuarenta llegó el comunicado de Dirección. Alerta de nivel tres. Colapso estructural en progreso en el sector norte. Protocolo de evacuación activado. Listas de evacuación adjuntas.
Cuatro botes. Cien lugares cada uno. Cuatrocientas personas en lista.
LISTA A — Personal de dirección y administración — 87 personas
LISTA B — Personal científico de clasificación alta — 123 personas
LISTA C — Personal técnico permanente de clasificación alta — 112 personas
LISTA D — Personal de soporte crítico y logística — 78 personas
Total: 400 personas
Leí las listas tres veces. Mi nombre no está. No está el nombre de ninguno de mis cuatrocientas personas de turno. Los trabajadores de turno no somos personal permanente de la luna. Somos contratos de ciclo corto. La luna nos necesita para funcionar. La luna no nos necesita para evacuarse.
El primer pensamiento que tuve cuando terminé de leer las listas por tercera vez no fue el que esperaba tener. No fue el miedo. No fue la rabia. El primer pensamiento fue: tiene sentido. El sistema que hizo las listas es el mismo sistema que lleva treinta y siete años siendo mi sistema. Lo conozco. Lo he operado desde adentro. El sistema prioriza lo que el sistema considera que vale más. Los trabajadores de turno no valen más en el sistema. Lo supe desde el primer contrato. Lo acepté treinta y siete veces.
El segundo pensamiento fue el que me costó más tiempo. Fue: ¿y ahora qué hago? No en el sentido de qué hago para salir — ya había entendido que no iba a salir. En el sentido de qué hago con las próximas horas. Con las cuatrocientas personas que están esperando que yo les diga qué hacer. Con la luna que va a colapsar de una manera u otra y que colapsará mejor si alguien la gestiona mientras colapsa.
Fui a hablar con mi equipo.
Hubo un tiempo entre leer las listas y reunir a los cuatrocientos. No sé cuánto tiempo exactamente — no lo registré. Lo que sé es que estuve solo con las listas durante ese tiempo y que durante ese tiempo ocurrieron varias cosas que necesitan ser dichas.
La primera: pensé en no hacer nada. En ir al área de espera como dice el protocolo. El protocolo dice que los trabajadores de turno sin lugar en las listas deben reportarse al área de espera y aguardar instrucciones. Las instrucciones nunca iban a llegar. El área de espera del sector norte iba a colapsar primero. El protocolo me mandaba a esperar en el lugar donde iba a morir más rápido. Consideré seguir el protocolo. No porque tuviera sentido, sino porque seguir el protocolo era la opción que no requería decidir nada. Treinta y siete años siguiendo protocolos. El protocolo como la forma de no tener que cargar con las consecuencias de lo que uno hace.
La segunda cosa que ocurrió en ese tiempo: pensé en los cuatrocientos. En sus caras. No en sus nombres todavía — en ese momento todavía no había dicho sus nombres en voz alta. En sus caras. Los había visto esa mañana cuando empezó el turno. Atziri-del-Registro, que llegó al sector con el café todavía en la mano. Teopixcatl, que había pasado la noche anterior revisando la configuración del sector este porque algo en los datos del día anterior no le cerraba. Xihuitl-sin-Padre, que siempre llega cinco minutos antes porque viene de una familia donde llegar tarde a cualquier cosa es una falta grave. Las caras del turno de la mañana. Mi equipo del turno de la mañana que ahora era el equipo de todo lo que quedaba.
La tercera cosa: tomé la decisión. No la tomé como una decisión heroica. La tomé como la única decisión que podía tomar y seguir siendo el tipo de persona que he sido en treinta y siete años de trabajo: el que organiza, el que distribuye, el que hace que el trabajo que tiene que hacerse se haga. No sé si eso me hace bien o si me hace solo lo que soy. Tampoco importa en este momento. Importa que la decisión estaba tomada y que era la correcta.
Y la cuarta: antes de ir a reunir a los cuatrocientos, me paré en la ventana del sector C y miré la superficie durante un minuto. La curvatura del planeta desde aquí se ve en el ángulo correcto. Se ve la línea de la atmósfera. Se ve el azul del océano. Se ve la costa del Daimon en días despejados y hoy era un día despejado. Miré la costa del Daimon durante un minuto pensando en que en esa costa hay una ciudad donde vive mi hija con sus dos hijos, y que probablemente en este momento mi hija está haciendo cualquier cosa de las cosas que hace en un día ordinario y que no sabe que su padre la está mirando desde aquí arriba por última vez.
Luego fui a reunir a los cuatrocientos.
HORA 2 · la organización — los nombres
Reuní a los cuatrocientos en el sector C a las ocho y cuarto. No perdí tiempo en el discurso — les dije la verdad directamente porque así trabajo y porque no había tiempo para otra cosa. Les dije: las listas de evacuación no nos incluyen. Los botes salen en las próximas dos horas. Nosotros no vamos en ellos. Lo que sí podemos hacer es gestionar el colapso de esta luna de manera que cause el menor daño posible en la superficie. Si el colapso es ordenado, los fragmentos de reentrada tienen una distribución controlada. Si el colapso es desordenado, la distribución es aleatoria y los fragmentos pueden impactar zonas pobladas.
Les dije: nadie está obligado a quedarse a trabajar. El que quiera ir al área de espera puede ir. El que quiera quedarse a trabajar conmigo va a trabajar. Nadie lo va a juzgar de ninguna manera.
Hubo un silencio. No largo — quizás diez segundos. Pero fue el tipo de silencio que ocupa el espacio de manera diferente al silencio ordinario. Vi las caras. Vi a los que procesaban lo que acababa de decirles. Vi a los que ya lo habían procesado y estaban mirando a los de al lado para ver qué iban a hacer los de al lado. Vi a dos personas llorando sin ruido. Vi a una persona de veinte años que me miró con una expresión que no pude leer completamente — no era miedo, no era rabia, era algo más parecido a la incredulidad de quien descubre que el mundo funciona exactamente de la manera en que alguien le dijo que funcionaba y que él no quería creer que funcionaba así.
Nadie me preguntó si había una manera de que los botes llevaran más gente. Nadie me preguntó si había posibilidad de comunicarse con la superficie para pedir otro bote. No preguntaron porque todos en esa sala trabajaban en extracción orbital y todos sabían lo que yo sabía: que los botes están diseñados para cargas exactas, que la sobrecarga produce destrucción durante la reentrada, que no había otro bote disponible en ninguna luna operativa dentro del tiempo que teníamos. No preguntaron porque la pregunta habría sido una forma de no escuchar lo que les había dicho. Me escucharon.
Trescientos ochenta y dos se quedaron a trabajar. Dieciocho fueron al área de espera. De los dieciocho, la mitad volvió en la hora siguiente. No sé por qué volvieron. Nunca les pregunté. No era el momento de preguntar.
Los dividí en equipos según sus habilidades. Los que sabían de sistemas de presurización a los sistemas de presurización. Los que sabían de estructura a los sectores de mayor riesgo de fractura. Los que sabían de extracción a ralentizar los sistemas de extracción de manera que el proceso fuera gradual y no abrupto. Y los que no tenían especialización técnica — que eran unos setenta — les di la tarea más importante: documentar. Registrar lo que estaba pasando en tiempo real. Escribir los nombres de todos los que estaban trabajando. Escribir lo que hacía cada uno. Quería que hubiera registro. Si alguien encontraba esto después, quería que supiera quiénes estaban aquí.
Atziri-del-Registro, veintisiete años, humana, técnica de presurización. Primera en el equipo de presurización. Lleva cuatro meses en la luna. Es su primer contrato orbital.
Teopixcatl, cuarenta y un años, demonio, ingeniero de estructura. Doce años en extracción orbital. Conoce esta luna mejor que yo.
Cuetzpal-del-Agua, treinta y tres años, mestiza de humana y dragón. Especialista en sistemas de refrigeración. Lleva aquí tres semanas. El contrato era su primera experiencia en extracción orbital.
Xihuitl-sin-Padre, diecinueve años, humano. Sin especialización técnica. Vino a la luna porque en su ciudad no había trabajo. Lo puse a documentar. Escribe bien.
Mientras los organizaba en equipos pensé por primera vez en mis marcas. No en lo que significan — ya les voy a hablar de eso. Pensé en que llevo los tres tatuajes desde antes de que ninguno de los que están conmigo ahora hubiera nacido. Y que nunca le expliqué a nadie qué representan. Le expliqué a una persona, hace mucho. No es el momento todavía para eso tampoco. Hay trabajo que hacer primero.
HORA 3 · los botes se van — lo que queda
Los cuatro botes salieron entre las nueve y las diez de la mañana. Los vi desde la ventana del sector C mientras organizaba los primeros equipos. El Bote 1 a las nueve y cuarto. El Bote 2 a las nueve treinta y dos. El Bote 3 a las nueve cuarenta y ocho. El Bote 4 a las diez y seis. Cuatro peces grandes alejándose hacia la superficie.
Hay algo que no esperaba sentir mirándolos y que sentí de todas formas: alivio. No por mí. Por los que iban adentro. Cuatrocientas personas que van a llegar. Cuatrocientas personas que van a ver a sus familias esta noche. El alivio es real aunque yo no esté adentro de ninguno de los cuatro.
Lo que sentí después del alivio, y que tardó más en llegar porque tuve que dejarlo llegar: rabia. No rabia violenta — la rabia violenta te quita el juicio. Rabia fría, del tipo que se instala y no se va. Rabia de que las listas existan. De que alguien, en algún momento, tomó la decisión de que los trabajadores de turno eran reemplazables y que esa decisión fue documentada en un protocolo y el protocolo fue aprobado en una reunión y en esa reunión nadie dijo en voz alta lo que el protocolo decía en realidad: que hay vidas que cuentan más que otras. Que la distinción es quién tiene contrato permanente y quién tiene contrato de ciclo corto. Y que en el momento de la emergencia esa distinción se convierte en la diferencia entre quién sube al bote y quién no.
La rabia fría es útil. La transformé en exactitud. En la precisión con que organicé los equipos. No sé si eso es virtuoso o si es solo lo que hago con las cosas que no puedo cambiar. Probablemente las dos cosas a la vez.
Los cuatro botes se fueron. Los vi salir desde la ventana del sector C. Cuatro peces grandes alejándose hacia la superficie. Exactamente lo que Mahuizoh vio dos años atrás en la otra luna. Lo sé porque leí el registro del Archivo Vivo cuando llegó al sistema tres meses después del colapso de la Luna Técnica. Leí todo lo que pude encontrar de ese colapso. Cuando me asignaron este contrato sabía que esta luna estaba en condiciones similares. Lo sabía y vine de todas formas. El contrato pagaba bien. Necesitaba el dinero.
Ahora que los botes se fueron puedo decirlo en voz alta sin que cambie nada: sabía. Sabía cuando firmé el contrato que esta luna tenía las mismas señales que la otra. Cincuenta y tres alertas de estructura no atendidas. Sistemas de soporte en modo emergencia. Solicitudes de componentes pendientes desde hace un año. Lo vi en los registros de acceso libre. Lo vi y calculé la probabilidad y decidí que era baja y que el dinero era real y que la probabilidad baja era un riesgo que podía tomar. Treinta y siete años tomando esos riesgos. Treinta y siete años calculando probabilidades.
Esta vez la probabilidad se cobró.
Después de que salió el último bote, reuní a los jefes de equipo. Les di el estado actual de cada sistema. Les dije cuánto tiempo teníamos según las proyecciones — entre seis y ocho horas antes del colapso estructural irreversible. Les dije qué teníamos que mantener estable para que los fragmentos de reentrada cayeran en el océano norte y no en las costas del Daimon. Les dije que íbamos a trabajar las seis horas que nos quedaban como si tuviéramos doce.
Luego empecé a hablar aquí. Porque si tengo que estar seis horas más en esta luna prefiero estar hablando que estar callado. Llevo cincuenta y dos años callado. Ya tuve suficiente.
HORA 4 · la primera marca — lo que empezó
MARCA 1 · El número uno. Extracción orbital, primera estación. Año doce de trabajo. La marca que hice cuando llegué a los sistemas orbitales y entendí que esto era lo que iba a hacer el resto de mi vida.
Vine a los sistemas orbitales porque en tierra no había trabajo para un demonio de mi región. Esto fue hace treinta y siete años. El Imperio todavía existía, aunque ya estaba en el período que los análisis llamaban de consolidación tardía — que es la manera educada de decir que el Imperio estaba empezando a encogerse sin admitirlo. El Daimon donde crecí estaba en la zona de lo que el Imperio no consideraba rentable mantener. No había infraestructura. No había escuelas del Arcanum. No había caminos que conectaran con las ciudades del centro.
Lo que había era extracción. La extracción siempre llega antes que la infraestructura. El Imperio llegó a mi región para extraer el mineral que había en las montañas del norte y construyó exactamente lo necesario para extraerlo: los caminos para sacar el mineral, los galpones para procesarlo, los alojamientos para los trabajadores. No construyó escuelas. No construyó hospitales. Construyó lo que necesitaba construir para que los trabajadores siguieran trabajando.
Vine a los sistemas orbitales porque un hombre que conocía a mi padre me dijo que allá contrataban demonios y que el trabajo pagaba bien y que no preguntaban sobre tu región de origen. Las dos primeras cosas eran ciertas. La tercera también, pero solo porque en los sistemas orbitales a nadie le importaba de dónde venías si podías hacer el trabajo. En tierra todavía importaba. En el espacio el trabajo igualaba. Eso me pareció justo entonces. Ahora pienso que el trabajo igualaba porque el trabajo necesitaba cuerpos y no podía darse el lujo de discriminar. La igualdad era eficiencia, no justicia. No cambió nada de fondo. Solo cambió el lugar donde me dejaban trabajar.
Me hice la primera marca cuando cumplí el primer año en la primera estación. No porque fuera una tradición de mi región — no lo es. Me la hice porque quería que hubiera algo en mi cuerpo que dijera que había llegado a donde había querido llegar. Que había hecho el recorrido completo desde el Daimon sin infraestructura hasta el primer sistema orbital. La marca dice eso. En el idioma de mi región, que es un idioma que muy poca gente habla todavía y que yo hablo porque mi madre se negó a dejar de enseñármelo aunque el Imperio hubiera declarado idioma oficial al estándar del Prominente.
Nunca le enseñé ese idioma a nadie. Tuve una hija. No le enseñé el idioma de mi madre. Le enseñé el estándar del Prominente porque era lo que le iba a servir. Lo que le iba a abrir puertas. Le di la herramienta de la integración y guardé el idioma de mi madre para mí solo, como un objeto de valor que no se presta. Ahora me pregunto si lo que hice fue protegerla o si lo que hice fue abandonar algo que mi madre se negó a abandonar aunque el Imperio le dijera que era inútil. Me pregunto si mi hija sabe que hay un idioma que su padre habla y que ella nunca escuchó. No hay manera de preguntárselo.
HORA 5 · el estado de los sistemas — y lo que no hice
Estado a las once de la mañana: los sistemas de presurización del sector D están en el límite del margen de control. Atziri y su equipo los están manejando bien. El sector F está más estable de lo que esperaba — Teopixcatl dice que hay una razón estructural para eso, una configuración de los soportes que el diseño original no documentó y que él descubrió en su quinto año aquí. Dice que esa configuración no durará más de tres horas pero que nos da tres horas que el modelo no tenía. Le dije que se las agradeciéramos.
El sector norte está colapsando a un ritmo que podemos usar. Si colapsa de esta manera — gradualmente, sector por sector — los fragmentos de reentrada tendrán el tamaño y la trayectoria que el océano puede absorber. Si algo interrumpe el ritmo de colapso gradual — un fallo inesperado, una fractura transversal en el casco — el colapso se acelera y perdemos el control de la distribución de fragmentos. Estamos trabajando para que eso no pase.
Mi hija tiene veintiocho años. Se llama Citlalmina. Vive en el Daimon norte con su pareja y sus dos hijos, mis nietos, que tienen cinco y tres años. Los vi por última vez hace siete meses, antes de venir a este contrato. La mayor se llama igual que mi madre. Le pedí a Citlalmina que le pusiera ese nombre porque mi madre murió el año anterior y quería que hubiera alguien con ese nombre en el mundo. Citlalmina me dijo que sí. No le dije el nombre en el idioma de mi madre — solo el nombre en el estándar. Pero es el mismo nombre.
La última vez que vi a Citlalmina peleamos. No peleamos sobre nada grande. Peleamos sobre si yo debía tomar otro contrato orbital o quedarme en tierra a trabajar en un taller de reparaciones que ella y su pareja querían abrir. El taller necesitaba un técnico con experiencia. Yo tenía la experiencia. El contrato orbital pagaba el doble. Le dije que el contrato orbital era el último y que después del último me quedaba. Le he dicho eso cuatro veces en doce años. Ella lo sabe. Me miró de la manera en que me mira cuando sabe que estoy mintiendo aunque los dos fingimos que no. Y vine de todas formas.
No sé si sabe que estoy en esta luna. Los contratos orbitales no siempre tienen comunicación regular con la superficie y yo no era bueno en escribir mensajes cuando podía. Cada mes mandaba uno. A veces dos. Nunca fueron suficientes. Siempre había algo que decir que no decía porque no sabía cómo decirlo en un mensaje corto y porque si empezaba a decirlo en serio iba a ser muy largo y no tenía tiempo. El tiempo siempre era el problema. Ahora tengo más tiempo que nunca y no tengo manera de usarlo para decirle lo que le tengo que decir.
HORA 6 · la segunda marca — lo que duró
MARCA 2 · El número dos. Sistema orbital secundario del Prominente. Año veinte de trabajo. La marca del vínculo. La que hice cuando el vínculo terminó.
Su nombre era Mixtli. Era técnica de sistemas de refrigeración en la segunda estación orbital donde trabajé. Llevábamos dos años en contratos simultáneos cuando empezó lo nuestro y tres años más cuando terminó. Cinco años en total. Los mejores años de trabajo de mi vida y los más difíciles de mi vida personal, que son la misma cosa si la persona con quien trabajas es también la persona con quien vives.
Mixtli era humana. Su familia era del Prominente. La familia de Mixtli tenía la convicción, no dicha nunca en voz alta pero presente en cada conversación sobre el futuro, de que Mixtli iba a volver eventualmente al Prominente y que el hombre con quien volviera iba a ser del Prominente. Yo era del Daimon. En la estación orbital eso no importaba. En la imaginación de la familia de Mixtli sobre el futuro de Mixtli, importaba.
No terminó por eso. Terminó porque en el año cinco llegó un contrato en una luna nueva que era el mejor contrato disponible para alguien con mis habilidades y el contrato requería quince meses de ausencia y le dije a Mixtli que iba a ir y ella me dijo que si iba no había vuelta y yo fui. Calculé la probabilidad de que Mixtli esperara quince meses y la calculé alta. La probabilidad que calculé estaba equivocada. Mixtli no esperó quince meses. Esperó nueve.
Me hice la segunda marca cuando volví y encontré la habitación vacía. No como castigo. Como registro. El vínculo había existido cinco años. Había sido real. No me parecía justo que fuera invisible en mi cuerpo. La segunda marca dice: aquí hubo algo. El idioma de mi madre otra vez. Un idioma de registro, de memoria. Un idioma que no olvida.
Estado a mediodía: el sector norte está en colapso controlado. Los sistemas de Atziri están aguantando en el sector D. Teopixcatl acaba de confirmar que la configuración estructural que encontró tiene al menos dos horas más de estabilidad. Vamos bien. En las condiciones que podemos controlar, vamos bien.
Cuetzpal reporta un problema menor en los sistemas de refrigeración del sector F que puede crecer si no lo atendemos en la próxima hora. Le mando dos técnicos adicionales de los equipos que tienen margen. Los problemas menores son los que se convierten en grandes si no los ves cuando son pequeños. Treinta y siete años de trabajo me enseñaron eso antes que ninguna otra cosa.
HORA 7 · lo que no se puede recuperar
Una hora después de mediodía hay una fractura en el sector este que no teníamos en el modelo. No es catastrófica — Teopixcatl dice que podemos contenerla si actuamos en los próximos cuarenta minutos. Lo hacemos. Funciona. Pero nos cuesta dos técnicos de estructura que ahora tienen que estar en el sector este en lugar del sector norte. El trabajo redistribuido significa que el sector norte va a colapsar veinte minutos antes de lo proyectado. Veinte minutos. En este contexto veinte minutos son mucho. Le ajustamos el modelo a todo el equipo y seguimos.
Quiero hablar del trabajo porque es lo que soy y porque si no hablo del trabajo no puedo hablar de lo que me costó el trabajo, que es lo que realmente quiero decir.
Lo que me costó el trabajo: no estar cuando Citlalmina nació. Estaba en un contrato de dieciséis meses en la tercera estación y su madre, que era una mujer del Daimon con quien tuve una relación de dos años que terminó cordialmente cuando los dos aceptamos que nos queríamos pero no de la manera que dura, me avisó por mensaje que el parto había sido temprano. Recibí el mensaje cuatro días después de que Citlalmina llegó al mundo. No había manera de volver más rápido. Los contratos orbitales no tienen esa cláusula. Llegué cuando Citlalmina tenía veintidós días.
Me dejaron tenerla en brazos. Era pequeña, los recién nacidos demonios son pequeños, las escamas todavía blandas, los ojos sin abrir todavía del todo. Me senté con ella en brazos en la habitación del hospital de maternidad que el sistema del Daimon todavía tenía en ese momento y que años después cerró por falta de presupuesto, y pensé: esta es mi hija. Este es el ser que va a existir en el mundo después de que yo no exista. No sé qué se siente ser padre. No sé si lo que sentí en ese momento es lo que los padres sienten siempre. Sé que tuve que irme cuatro días después porque el contrato siguiente empezaba y que irme cuatro días después de conocer a mi hija fue la decisión más difícil que tomé en mi vida y que la tomé de todas formas porque las decisiones difíciles siempre las tomé de todas formas y ahora aquí estoy.
Citlalmina. Si de alguna manera esto llega a ti: el idioma de mi madre tiene una palabra para lo que sentí cuando te tuve en brazos. No existe en el estándar. Existe en el idioma que no te enseñé. Lo siento.
HORA 8 · la tercera marca — lo que queda
Las dos de la tarde. El sector norte está en colapso avanzado. El sector D está aguantando por encima de lo que esperábamos — Atziri y su equipo han hecho algo extraordinario con los sistemas de presurización, han encontrado una configuración de carga que distribuye el estrés estructural de una manera que el manual no describe. No sé cómo lo hicieron. Se lo dije. Le dije: no sé cómo lo hicieron. Ella me dijo que llevaba cuatro meses viendo este sistema y que en cuatro meses aprendes cosas que el manual no tiene. Tiene razón. El manual lo escriben los que diseñan. El manual lo corrige la experiencia.
El sector F de Cuetzpal se estabilizó. El problema de refrigeración que reportó a mediodía fue contenido. Los dos técnicos adicionales que le mandé hicieron la diferencia. Cuetzpal tiene tres semanas en la luna. Opera como si llevara tres años. Hay personas así. Personas para las que la competencia no requiere tiempo de acumulación — requiere atención. Cuetzpal tiene una atención de la que la mayoría de los técnicos experimentados nos avergonzamos.
MARCA 3 · El número tres. Esta luna. Este contrato. Me la hice en el tercer mes, cuando entendí que las probabilidades eran lo que eran.
La tercera marca es la única que me hice sabiendo lo que era. Las dos anteriores las hice para registrar lo que ya había pasado. Esta me la hice para registrar lo que todavía no había pasado pero que podía pasar. Una marca preventiva. Una marca que decía: si esto termina de esta manera, que haya constancia de que lo vi venir.
Me la hice en el idioma de mi madre también. El idioma de mi madre tiene una gramática que distingue entre lo que pasó, lo que está pasando y lo que podría pasar. Son tiempos gramaticales distintos, no solo distintos usos del mismo tiempo. El estándar del Prominente tiene el condicional pero el condicional es una modificación del presente — es el presente con reservas. El idioma de mi madre tiene un tiempo que no es modificación de nada. Es un tiempo propio para las cosas que todavía no ocurrieron pero que están en el mundo como posibilidad real. La marca está en ese tiempo. Dice: hay una posibilidad real de que esto sea lo último.
Resulta que sí. Resulta que la marca era correcta. Me alegra haberla hecho. No porque me guste tener razón — me hubiera gustado mucho más estar equivocado. Me alegra porque la marca existe. Porque mi cuerpo tiene registro de que lo supe. Que no fui sin saber. Que calculé la probabilidad con los ojos abiertos y decidí con los ojos abiertos. Que el final, si es final, no me tomó de sorpresa.
A las dos y media el sector norte entra en fase de colapso no contenible. Es antes de lo proyectado — dieciséis minutos antes. Los veinte minutos que perdimos en la fractura del sector este menos cuatro minutos de ganancia de los equipos de estructura. Les aviso a todos los jefes de equipo. Les digo que tenemos aproximadamente noventa minutos antes del colapso estructural general. Les digo qué tienen que asegurar en esos noventa minutos para que la distribución de fragmentos siga siendo la que queremos. Y les digo que a los sesenta minutos quiero que todo el mundo se mueva al sector sur, que es el sector que colapsará último y el que tiene las paredes más gruesas.
HORA 9 · los nombres que no se olvidan
A las tres de la tarde le di a Xihuitl-sin-Padre la instrucción de que parara de documentar lo que estaba pasando y que empezara a escribir los nombres. Solo los nombres. Que hiciera una lista con el nombre de cada persona que estaba trabajando hoy en esta luna. Sin títulos, sin clasificaciones, sin funciones. Solo el nombre. Xihuitl tardó veinte minutos. Me trajo cuatrocientas y dos páginas — había escrito cada nombre en su propia página, con el espacio suficiente para que el nombre respirara. Le dije: bien hecho. Xihuitl tiene diecinueve años y no tiene padre registrado en el sistema del Arcanum y tiene la escritura más clara que he visto en mucho tiempo.
Quiero leer algunos de los nombres. No todos — hay cuatrocientas y dos. Pero algunos.
Atziri-del-Registro. La que encontró la configuración de carga que el manual no tiene. Cuatro meses en la luna. Primer contrato orbital.
Teopixcatl. El que conoce esta luna mejor que yo. Doce años aquí. La configuración estructural que compró tres horas que el modelo no tenía.
Cuetzpal-del-Agua. Tres semanas. Una atención que avergüenza a los experimentados.
Xihuitl-sin-Padre. Diecinueve años. La escritura más clara. Escribe los nombres.
Ahuacatl-del-Norte, cincuenta y ocho años, demonio, cincuenta años en sistemas orbitales. El más viejo después de mí. Llegó voluntariamente cuando anuncié que necesitaba gente para el equipo de estructura.
Ixtli-la-Pequeña, veintidós años, humana, técnica de refrigeración. Segunda en el equipo de Cuetzpal. Risas de la que no esperabas.
Ometochtzin, treinta y nueve años, demonio, especialista en extracción de profundidad. El que hace doble turno desde hace dos meses porque el compañero de su turno se fue a tierra por enfermedad y no fue reemplazado.
Cuatrocientas y dos personas que decidieron quedarse a trabajar cuando les dije que podían irse. No lo entiendo del todo. Parte es que no había adónde ir — el área de espera no tenía más salida que el trabajo. Pero parte es otra cosa. El mismo trabajo que hizo que no llegara cuando nació Citlalmina, el mismo trabajo que me costó a Mixtli, el mismo trabajo que me trajo a esta luna sabiendo las probabilidades: el trabajo tiene algo adentro que no es solo el dinero. Nunca supe nombrarlo bien. Quizás es lo que el Código llama el vínculo — la cosa que ocurre cuando cuatrocientas personas están haciendo algo juntas que importa aunque no las salve. El vínculo con lo que uno hace. El vínculo con los que lo hacen contigo.
A las tres y cuarenta los equipos se mueven al sector sur según el plan. El sector norte colapsa a las tres y cincuenta y dos. La distribución de fragmentos es la que calculamos. El océano norte va a recibir la mayoría. Las costas del Daimon van a recibir algunos. Menos de lo que habrían recibido si no hubiéramos trabajado estas horas. Cuántos menos exactamente no lo sé. El Aleph lo sabrá cuando haga sus cálculos.
HORA 10 · lo que queda cuando ya no hay nada que guardar
Son las cuatro y media. El sector sur aguanta. Teopixcatl dice que tiene entre veinte y cuarenta minutos. Xihuitl sigue escribiendo nombres aunque ya no le pedí que escribiera. Escribe de todas formas. Me alegra.
Quiero decir lo que no he dicho todavía. Lo que guardé para el final porque si lo decía antes no sé si podría haber hecho el trabajo.
Las marcas dicen tres cosas en el idioma de mi madre. La primera dice: llegué. La segunda dice: aquí hubo algo. La tercera dice: hay una posibilidad real de que esto sea lo último. Las tres son verdad. Las tres son el resumen de cincuenta y dos años que no sé cómo resumir de otra manera.
Lo que no dicen las marcas porque no tuve tiempo de hacerme una cuarta: que me arrepiento de algunas cosas y que no me arrepiento de otras y que la diferencia entre las que me arrepiento y las que no me arrepiento no siempre es la que esperaba que fuera.
No me arrepiento del trabajo. Me arrepiento de haberlo usado como razón para no estar donde tenía que estar. Son cosas distintas. El trabajo era real. La razón era a veces excusa. Tardé mucho en distinguirlas.
No me arrepiento de Mixtli. Me arrepiento de haber elegido el contrato de quince meses en lugar de quedarme. Son cosas distintas también. Mixtli era real. El contrato era solo el contrato.
No me arrepiento de haber venido aquí con los ojos abiertos. Me arrepiento de no haber vuelto a tierra entre este contrato y el anterior para ver a Citlalmina aunque fuera tres días. Podría haberlo hecho. No lo hice porque calculé que podía esperar y que cuatro meses de contrato pasaban rápido. Cuatro meses pasaron rápido. No volví de todas formas.
Citlalmina.
No sé si esto va a llegar a ti. No sé si el sistema de recuperación del Archivo Vivo va a encontrar este registro antes de que el polvo de la luna lo cubra. No sé si vas a querer escucharlo si llega. Quizás no vas a querer. Tienes derecho a no querer. Tienes derecho a todo lo que yo no te di.
Lo que quiero que sepas, si lo escuchas: el idioma de mi madre tiene una palabra para lo que eres para mí. No tiene traducción al estándar. Lo más cerca que puedo llegar es esto: eres la cosa en el mundo que hizo que los demás años valieran aunque no los llenara bien. Eres la razón de que las marcas existan. Eres la continuación de mi madre en el mundo aunque nunca te enseñé su idioma y eso fue un error mío y no tuyo y si hay algo que lamento más que cualquier otra cosa es eso — que el idioma de mi madre se va a terminar conmigo porque no te lo enseñé y ese idioma merecía sobrevivir.
Mis nietos tienen cinco y tres años.
La mayor se llama como mi madre.
No saben que existo todavía.
Diles que existí.
Teopixcatl me acaba de decir que el sector sur tiene menos de diez minutos. Voy a dejar de hablar. No porque no tenga más que decir — tengo más que decir, siempre tuve más que decir, el problema nunca fue no tener qué decir. El problema fue creer que había tiempo. Voy a dejar de hablar porque quiero pasar los últimos minutos mirando a las cuatrocientas y dos personas que decidieron quedarse a trabajar cuando podían haberse ido. Quiero que el último registro de mis ojos sea eso. Las cuatrocientas y dos personas haciendo el trabajo hasta el final. El vínculo real. La única cosa que el trabajo tiene adentro que no es solo el dinero.
Xihuitl. Deja de escribir. Ven aquí.
Xihuitl vino.
Los cuatrocientos y dos también vinieron.
Nos quedamos juntos en el sector sur.
Las paredes más gruesas.
El sector que colapsa último.
Teopixcatl tenía razón — aguantó más de lo que el modelo dijo.
Cuánto más no lo sé.
El canal de audio sigue funcionando.
Pero ya no tengo más que decir.
Ya lo dije todo.
REGISTRO DE AUDIO — CANAL PERSONAL — VIEJO-DE-LAS-TRES-MARCAS
DURACIÓN: 9 HORAS 43 MINUTOS
FIN DE TRANSMISIÓN
El Aleph registra el colapso de la Luna de los Recursos con las mismas dos oraciones con que registró el colapso de la Luna Técnica dos años antes. No añade una tercera. El evento es el mismo evento. La causa es la misma causa. La luna es diferente. Los muertos son diferentes. El sistema es idéntico.
[ALEPH] El registro de audio del Viejo-de-las-Tres-Marcas fue recuperado por el Archivo Vivo de los Nahualli Libres cuatro años después del colapso, catalogado bajo NA-42000-LUNA-PERSONAL-VTM. El registro contiene nueve horas y cuarenta y tres minutos de audio. La lista de cuatrocientas y dos nombres escrita por Xihuitl-sin-Padre fue recuperada junto con el registro de audio. Los cuatrocientas y dos nombres están en el sistema del Aleph bajo el mismo número de catálogo.
[ALEPH] El idioma del Daimon norte que el Viejo-de-las-Tres-Marcas habló durante fragmentos del registro de audio fue identificado por los lingüistas del Archivo Vivo como un dialecto de extracción de los grupos demonios del Daimon profundo, clasificado en ese período como idioma en riesgo de extinción por el Arcanum. El registro de audio del Viejo-de-las-Tres-Marcas contiene la mayor cantidad de muestra continua de ese dialecto documentada en el período. Es también, en la fecha del registro, el único documento de ese idioma producido en condiciones de colapso estructural inminente. El Aleph lo preserva completo.
Coordinadora Tlalli-de-las-Treinta-y-Siete escuchó el registro completo dos veces. La segunda vez tomó notas. La nota más larga que escribió durante la segunda escucha fue sobre la palabra que el Viejo usó para describir a su hija — la palabra en el idioma de su madre que no tiene traducción al estándar. Tlalli pasó tres semanas intentando encontrar hablantes del dialecto del Daimon profundo que pudieran explicarle el significado exacto. Encontró dos. Los dos le dijeron versiones ligeramente distintas del mismo concepto. Tlalli escribió en su propio diario, en el año 42,004: el Viejo-de-las-Tres-Marcas murió sin decirle a su hija que ella era la razón de que el resto valiera. Su hija vive en el Daimon norte. Se llama Citlalmina. Tiene dos hijos. El Archivo Vivo tiene su nombre. Cuando llegue el momento correcto, alguien le llevará el registro.
Año 42,000 · 400 en las listas · 402 que decidieron quedarse · 9 horas 43 minutos de audio · 3 marcas · 1 idioma sin heredero · Los fragmentos cayeron en el océano norte · Citlalmina recibió el registro en el año 42,004
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Fin del Canto XXXVIII — La Luna de los Recursos y los Últimos Mineros
Canto XXXIX — Los Hogares sin Pueblo
Millones sin tierra. Tierra sin quien la merezca. La arquitectura del abandono.