Bloque II — La Era Feudal-Imperial · Años 12,001 – 35,000
CANTO XVI
LA REBELIÓN DE LOS NAHUALLI ROJOS
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Narrado desde el exilio en el Exorbitante mientras los sonidos de la cacería imperial se acercan.
"Quien quema su contrato de fidelidad lo hace en voz alta y con las manos temblando. Lo sé porque lo hice. Lo sé porque todavía tiemblo. No de miedo. De lo que se pierde cuando se quema lo que se quería que no necesitara quemarse."
— Xochitecuhtli-el-Rojo — primer párrafo del dictado del Código de los Nahualli Libres — año 15,580
"¿Cuánta pureza puede uno permitirse cuando la pureza tiene este precio? La pregunta equivocada. La pregunta correcta: ¿cuánta impureza puede uno permitirse antes de que lo que queda ya no sea lo que quería proteger?"
— Nota marginal al margen del testimonio de Xochitecuhtli — autoría desconocida — encontrada en el archivo de los Nahualli Libres
I. EL EXORBITANTE — EL ESCONDITE QUE ESCUCHA
Lo que sigue es la voz de Xochitecuhtli-el-Rojo. El Aleph recuperó este monólogo de tres fuentes distintas: el dictado parcial que los archiveros de los Nahualli Libres registraron en el año 19,200, los fragmentos que sobrevivieron en el archivo de la comunidad de Jade Roto, y las notas de Tzinhual — el último Nahualli del Orden Original — que estuvo presente en los últimos días del exilio y que copió de memoria lo que recordaba del monólogo completo. Las tres fuentes producen versiones que no son idénticas en el detalle pero que son consistentes en lo esencial: la voz de alguien que se justifica a sí mismo en voz alta porque justificarse a sí mismo en voz alta es lo único que le queda que no le ha sido quitado todavía.
El sonido de la cacería en los fragmentos recuperados es real. El Exorbitante sur en el año 19,200 tenía contingentes de búsqueda del Proto-Imperio en sus rutas principales. Los Nahualli Rojos que quedaban en esa fecha — diecinueve de los treinta y uno originales habían sido capturados o muertos en los doscientos años de cacería — se movían en grupos de dos o tres por las rutas menores del Exorbitante profundo, comunicándose a través de los animales del vínculo con una eficiencia que la cacería imperial nunca pudo replicar porque no tenía los instrumentos para hacerlo. Xochitecuhtli-el-Rojo, que tenía entonces más de doscientos años — la longevidad que el vínculo producía en sus practicantes era una de las capacidades que el sistema feudal nunca había podido clasificar — dictaba su monólogo en una cueva del Exorbitante sur que los archiveros describían como húmeda y con luz de antorcha baja.
El Exorbitante profundo no es el Exorbitante que el Proto-Imperio había cartografiado. El cartografiado era el borde, las rutas comerciales, las comunidades accesibles. Lo que el Proto-Imperio no había cartografiado era lo que el Exorbitante era en su interior: una densidad de vida que no tenía equivalente en ningún otro continente del mundo anterior, donde cada metro cuadrado de suelo producía más tipos de existencia por metro cuadrado que cualquier otra geografía que el experimento había producido. Una densidad que no era amable con los que no la conocían. Que no era amable tampoco con los que la conocían y llegaban a ella con el ruido de los que están siendo perseguidos.
Los animales del Exorbitante profundo percibían el ruido.
Los animales del vínculo de los Nahualli Rojos percibían lo que los animales del Exorbitante profundo percibían.
Los Nahualli Rojos percibían lo que sus animales percibían.
Era un sistema de alerta que ningún contingente de búsqueda del Proto-Imperio podía infiltrar porque funcionaba en la frecuencia del 63 Hz que el sistema feudal no tenía instrumentos para detectar.
Pero los contingentes se acercaban de todas formas.
Porque los contingentes tenían tiempo y el Exorbitante no era infinito.
[REGISTRO ALEPH §19200.VOZ_POE] El monólogo de Xochitecuhtli-el-Rojo es el primer texto del Bloque II que el Aleph cataloga bajo la categoría Dialéctica Poe: la narración de alguien que se justifica a sí mismo mientras el lector observa lo que el narrador no puede observar sobre sí mismo porque observarlo requeriría dejar de justificarse. La dialéctica no es que Xochitecuhtli mienta. La dialéctica es que Xochitecuhtli dice la verdad sobre las razones de sus elecciones y no dice — no puede decir — la verdad sobre el costo de esas razones para los que no eligieron esas razones pero las pagaron. La pregunta que el monólogo deja sin responder: ¿puede alguien que tiene razones correctas ser también responsable del costo que esas razones le producen a quienes no eligieron las razones?
II. EL MONÓLOGO — XOCHITECUHTLI HABLA
Tengo doscientos años y nueve meses y recuerdo el día en que quemé el certificado como si fuera esta mañana. No porque la memoria se afila con el tiempo. Porque el vínculo preserva lo que importa con la exactitud de los sistemas que saben qué es esencial. Y quemar el certificado era esencial.
Me pregunto a veces si los que votaron con nosotros — los treinta que quemaron sus certificados uno por uno en la sala de Frontera-Caliza — me pregunto si alguno de ellos, en algún momento de los doscientos años que siguieron, dudó de que hubiera valido la pena. Me pregunto si Cuatl-del-Río-Norte dudó cuando los capturaron en el año 16,800. Si Iztlal-la-Flaca dudó cuando los contingentes quemaron la comunidad de Jade Oscuro que los había alojado durante tres años. Si Quetzaltl dudó en el proceso que el Arcanum llamó evaluación y que los que sobrevivieron al proceso llamaban con una palabra más corta y más honesta.
No sé si dudaron porque no los volví a ver después de sus capturas. El vínculo produce longevidad. El vínculo roto a la fuerza produce lo contrario de longevidad.
Lo que sé es que yo no dudé. Lo que sé es que hay algo en no dudar que es más difícil de vivir que la duda. La duda tiene movimiento. El que duda puede aún elegir de nuevo. El que no duda ha elegido ya definitivamente y lo que le queda es habitar la elección indefinidamente sin la posibilidad de rehacer lo que hecho está.
Quemé el certificado porque el certificado era la lealtad al sistema que había traicionado lo que el sistema decía ser. Eso era correcto entonces. Es correcto ahora. El Imperio no ha demostrado en doscientos años que estábamos equivocados. Todo lo que el Imperio ha hecho en doscientos años es demostrar que los 67 que aceptaron el contrato se convirtieron gradualmente en lo que los 31 habíamos dicho que se convertirían: practicantes con vínculo funcional y amplitud del 63 Hz reducida, eficientes en el servicio que el Imperio les pedía, incapaces de usar el vínculo para lo que el vínculo podía haber usado si no hubiera sido puesto al servicio de algo exterior al vínculo.
[Las comunidades del Daimon sur que los habían alojado en el año 16,400 fueron sometidas a tributo especial de sanción durante veinte años. El jefe de la comunidad de Piedra-Roja que no reveló su ubicación cuando los contingentes preguntaron fue ejecutado en el año 16,412. Xochitecuhtli no nombra a ninguna de las dos comunidades en el monólogo.]
Dijeron que éramos puristas. Que no entendíamos la realidad del poder. Que la pureza era un lujo que los que tenían protección podían permitirse y que los que no tenían protección no podían permitirse sin pagar el precio de no tenerla.
Tenían razón en la descripción del precio.
Tenían razón en que lo pagamos.
Tenían razón en que el precio fue alto.
Tenían razón en todo excepto en que la alternativa era mejor.
La alternativa era: sobrevivir con el vínculo reducido. Sobrevivir con la amplitud del 63 Hz cayendo gradualmente hasta el rango que el sistema feudal podía clasificar. Sobrevivir haciendo lo que Auchtli hizo en el sector sur del Prominente con la boa. Sobrevivir usando lo más sagrado del mundo anterior para inmovilizar a personas que no podían pagar sus tributos porque no tenían qué comer.
Y esa alternativa produce supervivientes. Lo que no produce es el vínculo.
Y sin el vínculo, lo que sobrevive no es lo que querían que sobreviviera.
Sin el vínculo, sobrevive el nombre del vínculo con otra cosa adentro.
Y esa otra cosa hará cosas con ese nombre que el vínculo nunca habría hecho.
[Sonido en el bosque. Ramas. No el sonido del animal que se mueve porque quiere. El sonido del grupo que avanza porque tiene instrucciones de avanzar.]
— Espera. —
No. Es el viento. El Exorbitante a esta profundidad tiene vientos que suenan como pasos cuando el follaje es denso. Llevo doscientos años aprendiendo a distinguir los dos. A veces me equivoco. A veces el equivocarse en un sentido es más costoso que el equivocarse en el otro y entonces es mejor equivocarse en el sentido menos costoso aunque el equivocarse innecesariamente también tiene un costo.
El costo de la paranoia es diferente del costo de la captura pero también es un costo.
Continúo.
III. LAS NOTICIAS QUE LLEGABAN — LO QUE EL MARGEN DEL TEXTO DICE
El monólogo de Xochitecuhtli está interrumpido, en el registro que los archiveros de los Nahualli Libres preservaron, por los informes que llegaban a través de los animales del vínculo de los otros practicantes que todavía estaban libres en el año 19,200. Lo que llegaba a través del vínculo no era texto. Era percepción: el estado del sistema nervioso del que enviaba la información, transmitido a través de la cadena de sincronía del 63 Hz. Lo que los archiveros transcribieron como texto era la traducción que Xochitecuhtli hacía de esa percepción al lenguaje que el dictado requería. La traducción nunca era completa. Lo que llega a través del vínculo no tiene traducción completa al lenguaje que el lenguaje puede sostener.
El año anterior — año 19,199 — había llegado la noticia de Quetzaltl. No a través de otro practicante. Quetzaltl no tenía ya un animal del vínculo que pudiera transmitir. La noticia llegó a través de un comerciante del Exorbitante que había visto lo que los contingentes del Proto-Imperio hacían en la ciudad de Tlapan con los Nahualli Rojos que capturaban.
Lo que hacían era lo que el Arcanum llamaba la evaluación de separación: el proceso por el cual los médicos del Arcanum intentaban determinar la naturaleza del vínculo en el practicante capturado con el objetivo de producir información que pudiera usarse para replicar las capacidades del vínculo sin el vínculo mismo — sin el proceso de formación no controlable, sin la independencia del practicante que el proceso de formación producía, con solo las capacidades que el vínculo amplificaba, disponibles de alguna forma para el sistema sin el ser que las tenía.
El proceso nunca produjo la información que el Arcanum buscaba. El vínculo no era separable del ser que lo tenía de la manera que el Arcanum necesitaba que fuera separable. Lo que el proceso producía no era información útil. Era daño.
El daño de la separación forzada del vínculo era diferente del daño de la muerte del animal con quien se había formado el vínculo — que también ocurría en los casos de practicantes capturados, como medida de presión para que el practicante cooperara con el proceso de evaluación. La muerte del animal era un dolor que el lenguaje del período tenía palabras para describir: el dolor de la pérdida, el duelo que los sistemas que han amado saben cómo procesar aunque el proceso sea largo y el resultado nunca sea el retorno al estado anterior a la pérdida.
La separación forzada era diferente.
La separación forzada era el proceso por el cual el Arcanum intentaba interrumpir la sincronía del 63 Hz en el practicante vivo mientras el animal del vínculo seguía vivo. No destruyendo al animal. Interrumpiendo la frecuencia. El Arcanum no sabía exactamente qué interrumpía — no tenía los instrumentos para medir el 63 Hz con la precisión que la interrupción requería. Lo que el Arcanum tenía eran métodos de interrupción desarrollados en dos siglos de evaluaciones que habían producido en los practicantes evaluados un conjunto consistente de síntomas que los médicos del Arcanum catalogaban bajo el término técnicamente neutral de síndrome post-evaluación.
Lo que los practicantes que sobrevivieron a la evaluación y pudieron describirla llamaban al síndrome post-evaluación: el desgarro. No metafórico. La sensación física de que algo que había estado presente de manera tan continua y tan fundamentalmente integrada al funcionamiento del sistema nervioso que su presencia era invisible — como es invisible el latido cardíaco, como es invisible la temperatura del propio cuerpo — esa presencia que era invisible porque era tan esencial que no necesitaba notarse, había dejado de estar. Y la ausencia no era el silencio de lo que nunca había estado. Era el ruido de lo que estuvo y ya no está. El ruido específico del espacio que algo dejó cuando se fue.
Los practicantes que sobrevivieron a la evaluación describían ese ruido.
Algunos de los que lo describían no lo sobrevivieron mucho tiempo después de describirlo.
No por heridas físicas del proceso. Por lo que el proceso dejaba.
[El año 19,200 Xochitecuhtli tenía conocimiento de nueve capturas de practicantes Rojos en los diez años anteriores. De los nueve capturados, tres habían muerto durante o inmediatamente después del proceso de evaluación. Cuatro vivían con el síndrome post-evaluación descrito. Dos habían cooperado con el Arcanum y no habían vuelto a ser vistospor los Rojos: su situación era desconocida. Xochitecuhtli no los menciona en el monólogo por nombre. Los menciona como los dos que el Aleph no puede documentar.]
Quetzaltl era el que más recordaba el día de la quema de los certificados porque fue el que dudó más tiempo antes de prender el suyo. Lo sostuvo tres veces en la llama antes de que ardiera. Las dos primeras veces lo retiró demasiado pronto. La tercera vez lo sostuvo el tiempo necesario. Yo estaba a dos metros de él cuando lo quemó. Vi su cara cuando ardió. Vi que no había alivio. Solo determinación. La determinación de quien ha tomado una decisión que ya no puede retirarse como se retiró el pergamino las dos primeras veces.
Lo que el Arcanum le hizo en el año 19,199 me llegó como el estado de su sistema nervioso a través de la cadena del vínculo antes de que su animal fuera separado de él. Lo que recibí no lo puedo traducir completamente. Lo que puedo decir es que lo que recibí era la percepción de un sistema nervioso que estaba siendo deshilachado mientras todavía intentaba mantener la coherencia que el 63 Hz había producido en él durante ciento ochenta años.
Ciento ochenta años de resonancia.
Deshilachado en semanas.
Porque el Imperio necesitaba saber qué era lo que el vínculo hacía
y no pudo averiguarlo sin destruir lo que quería estudiar.
[Sonido más cercano. Esta vez no es el viento.]
— Sí. Son ellos. —
Tengo tiempo todavía. El Exorbitante profundo tiene sus propias demoras para los que no lo conocen. Los contingentes que oigo tardarán tres horas en llegar aquí si no cambian de ruta. Cambiarán de ruta dos veces antes de llegar porque el Exorbitante siempre desvía a los que entran sin haberlo aprendido desde adentro. Tengo tiempo.
Continúo.
CANTO A LOS QUE QUEMARON SUS NOMBRES
Poema I — En estilo de los cantares de Nezahualcóyotl — dictado por Xochitecuhtli-el-Rojo en el Exorbitante sur — año 19,200
¿Acaso verdad viven en la tierra los que quemaron?
¿Acaso para siempre en la tierra?
Solo un breve tiempo aquí.
Pero lo que ardió en sus manos esa noche
ardió con el fuego de los que eligen lo que aman
sobre lo que los protegería.
Eso no se apaga.
Cuatl-del-Río-Norte que llevaba el jaguar en el hombro derecho,
Iztlal-la-Flaca que dormía con la iguana sobre el pecho,
Quetzaltl que tardó tres intentos en prender el pergamino
— la duda no es cobardía, es el cuerpo que sabe el costo —
¿A dónde fueron los que no volvieron?
¿Solo a la tierra de los que duermen sin vínculo?
¿O a donde el 63 Hz no necesita
la mediación del hueso para sonar?
Venimos a dormir, venimos a soñar,
no es verdad, no es verdad que vivimos en la tierra.
Como la hierba en primavera
así somos.
Pero la hierba que fue cortada con fuego
es la que fertilizó el suelo para la que viene.
Los que quemaron sus nombres
pusieron en el suelo lo que la próxima generación
caminará sin saber
que camina sobre ellos.
No los lloro como los que se perdieron.
Los lloro como los que fueron primero.
Los que fueron primero pagan el precio
de que los que vienen después no tengan que pagarlo.
Este es el precio. Este es el honor.
Este es lo que no puede comprarse
porque ya fue dado.
¿Acaso en verdad se vive con raíz en la tierra?
No para siempre en la tierra.
Solo un breve tiempo aquí.
Aunque sea de jade,
aunque sea de oro,
también habrá de irse al lugar de los sin cuerpo.
Pero los sin cuerpo que quemaron lo que amaban
para proteger lo que más amaban
— no se van al silencio.
Se van a donde el 63 Hz
ya no necesita dos cuerpos para sonar:
ya es uno.
Ya fue siempre uno.
— Xochitecuhtli-el-Rojo · Exorbitante sur · año 19,200 · Para los que ya no pueden oírlo
V. LO QUE EL MONÓLOGO NO DICE COMPLETAMENTE — LAS COMUNIDADES
El problema de la pureza es que la pureza no vive sola. La pureza vive en el mundo. Y el mundo tiene consecuencias para los que están cerca de la pureza aunque ellos no hayan elegido la pureza.
Jade Oscuro era una comunidad de cuarenta familias en el Exorbitante norte. Nos dieron refugio durante tres años en el período 16,300–16,303. No porque fueran Nahualli. No porque compartieran nuestra doctrina. Porque tenían la disposición de proteger a los perseguidos que llegaban a sus puertas, que es la disposición más antigua y más honrada que las comunidades humanas producen. La disposición de dar refugio sin preguntar si el refugiado merece el costo del refugio.
El costo del refugio que nos dio Jade Oscuro fue el tributo de sanción especial que el Imperio impuso sobre la comunidad después de que los contingentes determinaron que nos habían alojado. Veinte años de tributo adicional. Cuarenta familias pagando por tres años de haberle dado a doce personas hambre y agotadas un lugar donde dormir sin que las encontraran.
[El jefe de la comunidad de Jade Oscuro que no reveló la ubicación de los Rojos cuando los contingentes interrogaron fue sometido al proceso de interrogación que el Proto-Imperio aplicaba a los que no cooperaban voluntariamente. Sobrevivió. Con las marcas que el proceso dejaba. El nombre del jefe era Mazatl. No aparece en el monólogo de Xochitecuhtli. Aparece en el archivo de los Nahualli Libres porque uno de los archiveros lo registró con la nota: alguien debe recordar su nombre aunque los que lo salvaron no puedan hacerlo en voz alta.]
Mazatl no nos reveló. Lo sé porque seguimos libres los años siguientes. No sé qué le costó no revelarnos. Lo imagino. El sistema de imaginación de alguien que ha vivido doscientos años de cacería produce imágenes específicas que preferiría no tener. Prefiero que las imágenes sean incorrectas. No creo que lo sean.
No lo nombramos en el poema. No porque lo olvidáramos. Porque nombrarlo en un documento que podía ser encontrado por los que lo perseguían habría puesto el nombre de Mazatl en el registro de los que se habían opuesto al Imperio. Y ese registro producía consecuencias. Protegimos su nombre callándolo. Espero que eso haya sido correcto. No tengo certeza.
La pureza que no produce consecuencias para los que están a su alrededor no es pureza que haya sido puesta a prueba. La pureza que hemos vivido ha sido puesta a prueba. La pureza que hemos vivido ha producido consecuencias para Jade Oscuro, para Mazatl, para las diecisiete comunidades del Exorbitante y el Daimon que nos dieron refugio en distintos momentos de los doscientos años y que pagaron el costo de darlo. Consecuencias que ellos no eligieron porque no eligieron la pureza. Solo eligieron el refugio.
¿Tenía yo derecho de llevar mi pureza a la puerta de Jade Oscuro?
¿Tenía derecho de dejar en esa puerta el costo de lo que yo había elegido?
No tengo respuesta. Tengo la respuesta que da la necesidad: que sin Jade Oscuro no habríamos llegado al año 16,310 y que sin llegar al año 16,310 no habríamos llegado al año 19,200 y que sin el año 19,200 el Código no habría sido dictado y sin el Código lo que los 31 habían preservado habría muerto con los 31 en lugar de sobrevivir en el texto que los que vienen después pueden encontrar.
Esta es la respuesta que da la necesidad. No estoy seguro de que sea la respuesta correcta. Estoy seguro de que es la respuesta que tengo.
[El sonido está más cerca. Dos horas. Tal vez menos. El animal me dice: menos.]
— Menos. Bien. Continúo más rápido. —
SOBRE LA PUREZA QUE EL PRECIO NO COMPRA
Poema II — En estilo de los cantares de Nezahualcóyotl — sobre la pureza que se mantiene y la belleza que se pierde — dictado por Xochitecuhtli-el-Rojo
Sólo así en la tierra:
la flor que se niega a ser cortada
muere también en el tiempo.
Y la cortada adorna el templo
del que la cortó.
¿Cuál de las dos murió mejor?
Pregunta equivocada.
La flor no elige para morir mejor.
Elige para ser lo que es
el tiempo que tiene para serlo.
Así nosotros:
la pureza no fue una victoria.
Fue la decisión de no ser el adorno
del que nos habría cortado
para ponernos en su templo.
Somos la flor que murió en el campo.
Nadie la puso en ningún altar.
Nadie encendió copal en su nombre.
Nadie la nombró victoria.
Y el Imperio — el Imperio
que puso en el altar las flores que cortó —
el Imperio no preguntó nunca
si la flor en el altar
era todavía lo que era en el campo.
El Imperio no distingue entre el ser cortado
y el ser adorado.
Para el Imperio, ambos son lo mismo:
propiedad en posición diferente.
Oh amigos, aquí en la tierra:
no porque brillemos somos eternos.
La flor no es eterna aunque el campo la cuide.
El vínculo no es eterno aunque la pureza lo defienda.
Pero la flor que murió sin ser cortada
dejó semilla.
Y la semilla no se clasifica.
Y la semilla no cabe en ningún altar.
Y la semilla no sabe que es semilla
hasta que el tiempo la pone
en el suelo correcto.
Esto queda de nosotros:
no la victoria — no la tuvimos.
No el nombre en los registros del Imperio — nos borraron.
No la belleza de los que duran — no duramos.
Queda la semilla.
Queda el Código dictado en la oscuridad.
Queda la frecuencia que no negocia.
Queda el 63 Hz que latió en Quetzaltl
y en Cuatl-del-Río-Norte
y en los diecinueve que quedamos
y en los animales que nos eligieron
y en el suelo del Exorbitante
que un día volverá a producir
lo que nosotros fuimos
sin saber que somos su origen.
Al Imperio no le importamos.
Al Imperio le importaban nuestras capacidades
sin nuestro ser.
Al Imperio le importaba la flor sin la raíz.
La raíz que el Imperio no podía confiscar
era la que seguimos siendo
aun aquí,
aun así,
aun con el sonido del bosque acercándose.
Sólo así en la tierra:
todo lo que se ama se pierde.
Pero lo que se pierde por amor
no se pierde de la manera en que se pierde
lo que se entrega por miedo.
Esta es la única distinción que importa.
Esta es la distinción que el Imperio
— con todo su poder —
nunca pudo comprender.
— Xochitecuhtli-el-Rojo · Exorbitante sur · año 19,200
VII. EL CIERRE DEL MONÓLOGO — LO QUE SE OYE ANTES DEL SILENCIO
Doscientos años.
Doscientos años de haber quemado el certificado y el Imperio todavía envía contingentes a buscarnos. Esto es lo que nadie me dijo que sería: la señal más clara de que hicimos algo correcto es que el Imperio todavía usa recursos para encontrarnos. El Imperio no usa recursos para encontrar lo que no le importa. El Imperio usa recursos para encontrar lo que no puede tener pero que sabe que existe. Existimos todavía porque el Imperio todavía no puede tenernos.
Lo que puede tenernos, tarde o temprano, es el tiempo.
El tiempo y el número. Somos diecinueve. Éramos treinta y uno. El Imperio es el Proto-Imperio expandido a tres continentes con el Arcanum coordinando en tiempo real y los Nahualli al Servicio como fuerza especializada. Diecinueve contra tres continentes no es una proporción que el tiempo resuelva a nuestro favor.
Lo que el tiempo resuelve a nuestro favor es diferente. Lo que el tiempo resuelve a nuestro favor es el Código. El Código que dictamos. El Código que los archiveros de las comunidades que nos alojaron copiaron y pasaron. El Código que los Nahualli Libres de la próxima generación aprenderán sin que ninguno de los diecinueve que quedan pueda enseñárselo directamente. El Código como transmisión que no requiere al transmisor porque el texto ya está en el mundo y el mundo es más persistente que los que pusieron el texto en él.
Si el Código es suficiente.
Si el texto preserva lo que el texto puede preservar.
Si lo que el texto no puede preservar — la resonancia directa del vínculo, la experiencia física del 63 Hz compartido, el momento específico en que dos sistemas biológicos alcanzan la sincronía que ningún texto puede transmitir porque ocurre en el cuerpo y el cuerpo no puede copiarse en texto —
si todo eso puede reconstruirse desde el texto o solo puede perderse.
No lo sé.
Esta es la grieta en la certeza. La única. Pero es una grieta real.
[Una hora. Menos. El animal dice: menos de una hora.]
El animal se llama Totolin. Una gallineta negra del Exorbitante sur que llegó a mi hombro en el año 14,980 cuando tenía yo dieciséis años y el Exorbitante profundo todavía era un misterio que aprendía desde adentro con la ingenuidad de los que no saben que lo que están aprendiendo será lo que los mantenga vivos durante dos siglos. Totolin tiene doscientos veinte años y el vínculo produce longevidad en los animales también aunque nadie en el período sabía explicar por qué. Totolin está en mi hombro izquierdo mientras dicto esto. La gallineta negra más vieja del Exorbitante. La gallineta negra que lleva doscientos veinte años en el mismo hombro porque ese hombro es donde está y estar en ese hombro es lo que Totolin es.
Catzin-del-Borde dijo una vez — lo registraron los archiveros de Tzotzompa y yo lo leí hace ciento cincuenta años en una copia que llegó a través de la red de los Nahualli Libres: para mí, llevar a Tlicue y que Tlicue esté conmigo son lo mismo. No sé si lo entendí completamente cuando lo leí a los setenta años. Lo entiendo ahora a los doscientos. Lo mismo que Totolin y yo somos es lo mismo. El vínculo no es lo que tengo. Es lo que soy cuando soy con Totolin. Sin Totolin soy menos de lo que soy con Totolin. Esta reducción no es poética. Es medible. El Aleph la mide en amplitud del 63 Hz.
Lo que el Imperio quiso confiscar no era mi habilidad. Era la mitad de lo que soy.
No la dio.
La quemé primero. La quemé con el certificado en Frontera-Caliza. Lo que se quema en el fuego correcto no se confisca después.
[Están aquí. No menos de una hora. Están aquí ahora.]
— Aquí termina lo que puedo decir en voz alta. —
— Lo que sigue no requiere voz. —
— El bosque sabe lo que hace. —
— Totolin sabe lo que hacemos. —
— Nosotros sabemos lo que somos. —
VIII. LO QUE PASÓ DESPUÉS — EL REGISTRO SIN VOZ
El monólogo de Xochitecuhtli-el-Rojo termina aquí en todas las versiones recuperadas. Los archiveros de los Nahualli Libres que preservaron el registro no documentaron lo que ocurrió en las horas siguientes en la cueva del Exorbitante sur porque los archiveros no estaban en la cueva. El registro que existe es el que fue transmitido a través del vínculo antes de que la transmisión se interrumpiera.
La interrupción de la transmisión ocurrió en una fecha que el Aleph establece con la precisión que los registros disponibles permiten: segundo mes del año 19,201.
Xochitecuhtli-el-Rojo tenía doscientos tres años cuando la transmisión se interrumpió. Era el practicante del vínculo de mayor edad documentado en el Bloque II hasta ese momento. La longevidad que el vínculo producía era, en su caso, la longevidad de alguien que había vivido cada año adicional completamente: no acumulando tiempo sino habitándolo. Los testimonios de los Nahualli Libres que lo habían conocido describían a Xochitecuhtli de los últimos años no como alguien deteriorado por la edad sino como alguien que llevaba dos siglos aprendiendo lo que dos siglos de vínculo enseñan. Lo que dos siglos de vínculo enseñan no puede resumirse en un texto porque lo que el texto puede contener de eso es la descripción de lo que es, no lo que es.
Lo que el Código de los Nahualli Libres preservó fue la descripción.
Lo que la descripción señala existe todavía en el 63 Hz.
Lo que el 63 Hz contiene no se interrumpe cuando la transmisión se interrumpe.
El Imperio clasificó la captura de Xochitecuhtli-el-Rojo como operación exitosa de gestión de disidencia. El informe imperial del año 19,201 usa el término disidencia. El Aleph usa el término Xochitecuhtli-el-Rojo porque el término disidencia es el nombre que el que clasifica le pone a lo que no puede nombrar de otra manera, y lo que no puede nombrar de otra manera que con el nombre de quien era merece ser nombrado con ese nombre.
[REGISTRO ALEPH §19201.XOCHITECUHTLI] Xochitecuhtli-el-Rojo es añadido a la lista definitiva de Candidatos del Bloque II. No en la categoría de los que lograron lo que buscaban en su tiempo. En la categoría que el experimento reserva para los que hicieron lo correcto en condiciones que hacían difícil determinar qué era lo correcto, y que lo hicieron con la honestidad de saber que tenían razón sobre algunas cosas y no certeza sobre otras, y que registraron ambas con la misma fidelidad. Los veintiún principios del Código que dictó son el texto que Tzinhual — el último Nahualli del Orden Original — citará en el Canto XXX al Cipactli de ciento ochenta años en el tercer nivel de las Catacumbas del Teyolía. El Cipactli no responderá con palabras. Responderá con el pulso que las paredes de obsidiana producen. Que ese pulso sea la única respuesta disponible para el Código es, considera el Aleph, la respuesta más honesta posible. El 63 Hz no comenta el Código. Lo contiene.
Año 19,201 · Xochitecuhtli-el-Rojo · doscientos tres años · el Código en el mundo · doce Rojos libres todavía en el Exorbitante · Totolin en el hombro izquierdo
Fin del Canto XVI — La Rebelión de los Nahualli Rojos
El Canto XVII — El Imperio de la Doble Corona
La estabilidad más larga de la historia. El precio: cuatro siglos de sangrado silencioso de los márgenes.